
Dejamos Vancouver temporalmente y nos vamos a hacer un pequeño recorrido por la gastronomía japonesa, una de las más variadas y equilibradas del mundo. Hay que destacar que los japoneses desde años inmemoriales han sido agricultores y pescadores con hábitos vegetarianos que se han alimentado con verduras hervidas y fermentadas a la par que con abundante pescado.
Los brotes de soja son un alimento básico y base para muchos de los platos más conocidos actualmente y aportan una gran dosis de proteínas cuando la época de vacas flacas y el pescado y diferentes productos del mar no abundan.

Los tradicionales brotes de soja
Los japoneses, a pesar de tener una gastronomía muy diferente a la nuestra, cuentan con el sukyaki o buey, el tonkatsu o cerdo o el teriyaki o pollo, palabras que han salido de sus fronteras y que es no es tan raro escucharlas en nuestro propio país.
Aunque no lo parezca, la cocina japonesa tuvo influencias portuguesas, de cuando la época dorada de los famosos marinos y exploradores lusos. Desde China llegaron los palillos y la salsa de soja y ya en el siglo XIII apareció el budismo Zen, una religión que se basa en la cocina vegetariana y que estuvo muy presente hasta los siglos XIX y XX.
Todo eso duró hasta que la influencia francesa llegó y dio más popularidad a los hoy en día demandados platos de carne y pescado y desde Portugal llegaron los fritos y los buñuelos, algo que aceptaron de buen grado en Japón y que evolucionó hasta lo que se conoce como tempura.

Los palillos son indispensables
La verdadera tempura es una auténtica delicia sobre todo gracias a su gran suavidad. Es la fritura a la japonesa por así decirlo y su nombre proviene de la palabra tempora, la cual los nipones escuchaban a los marinos portugueses, los únicos europeos con los que tenían tratos en siglos anteriores.
La antigua receta portuguesa de los rebozados y fritos se ha convertido hoy en día en uno de los platos más demandados de la gastronomía japonesa y que si tenéis la oportunidad de degustar os invito a que lo hagáis al menos en un a ocasión, veréis qué delicioso está.


