
Volvemos a las andadas y con este post iniciamos de nuevo otro viaje que nos llevara en esta ocasión a pisar por primera vez las tierras de Bosnia-Herzegovina, exactamente a su capital, Sarajevo, tristemente recordada por la limpieza étnica de hace unos cuantos años y también por ser sede olímpica de unos Juegos Olímpicos de Invierno, pero antes de nada vamos a conocer la historia del país y de este lugar.
Los primeros habitantes de los que se tiene constancia en el actual territorio nacional fueron los ilirios y los celtas, posteriormente llegaría el Imperio Romano, quien tras cruzar el Adriático allá por el siglo II a.C. se establecieron creando la provincia de Iliria, convirtiéndose en la frontera entre Oriente y Occidente.
Los eslavos, procedentes de lo que hoy en día son Polonia y Ucrania, se establecieron en esta zona allá por el siglo VII d.C y poco a poco fueron absorbiendo y también aniquilando tanto a ilirios como a los celtas, dejando esta zona bajo su total dominio durante varios siglos.

Restos de las primeras civilizaciones del lugar
A mediados del siglo XII, esta región pasó a formar parte del arzobispado húngaro de Kalocsa aunque tras los muchos esfuerzos tanto del Papado como de Hungría por imponer su filosofía religiosa, no lo consiguieron dada la gran resistencia local.
Hay que destacar que Bosnia fue el baluarte de los bogomilos, más conocidos como los cátaros, una importante herejía cristiana, y los vecinos serbio ortodoxos y los croatas llegaron a organizar diferentes cruzadas contra los cátaros, provocando miles de muertes en sucesivas batallas.
Bando Prijezda fue el fundador de la dinastía de los Kotromanic, bajo los cuales, Bosnia pudo conquistar la región de Hum, y Herzegovina tomó su nombre gracias al Duque (Herceg) Stejpan Vukcic, quien gobernó esta zona hasta la llegada de los turcos, pero eso lo conoceremos ya en la siguiente entrega.


