
Seguimos en este nuevo destino y vamos a continuar nuestra visita por el siguiente punto de nuestra ruta, el Castillo de Sant’Angelo, una edificación que fue construida por orden del emperador Adriano para ser usado como su propio mausoleo en el año 130 y aquí se guardan diversos restos de la dinastía imperial. Posteriormente Adriano lo integró como fortaleza en la conocida como muralla aureliana y años después se usó como prisión y ya en 1277, cuando este lugar pasó a ser propiedad del Vaticano, se agregaron los apartamentos pontificios.
Hoy en día es la sede del Museo Nacional del Castillo Sant’Angelo, cuyo nombre es dado por un ángel de bronce del siglo XVIII que proviene de una leyenda donde se dice que el arcángel San Miguel apareció y terminó con una peste que azotaba Roma en el año 590 aproximadamente.
El puente de Sant’Angelo fue durante muchos años el principal puente entre la zona de San Pedro y el centro de la ciudad y ya en 1669 el genial Bernini colocó la balaustrada con sus característicos ángeles y los símbolos de la Pasión.

Museo Nacional del Castillo Sant’Angelo
Proseguimos la ruta hasta llegar a las Catacumbas de Domitilla o también conocidas como catacumbas de Santi Nereo e Achilleo. Fueron construidas a partir de un pequeño sepulcro que pertenecía a Domitilla, familiar del cónsul Flavio Clemente. Están consideradas como unas de las más grandes de Roma y fueron lugar de sepultura para los primeros cristianos.
Subiendo las escaleras accederemos a la basílica de Santi Nereo e Achilleo, construida en el año 390. Al fondo encontraremos el acceso a las catacumbas, lugar formado por una larga red de galerías que se extienden por kilómetros y donde fueron excavadas numerosas tumbas.
Hasta el siglo IV se usaron únicamente como sepulcros y como lugar de conmemoración litúrgica, posteriormente y hasta el siglo VII se destinaron al uso como santuario dedicado al culto del martirio y la conmemoración. Nosotros vamos a hacer otra breve pausa para no perdernos ningún detalle de este impresionante lugar.


