
El siguiente punto de interés de nuestra ruta nos llevará hasta el Foro Romano, todo un símbolo de la antigüedad. Era el núcleo de la civilización romana, el centro de la vida política, jurídica y social de la Antigua Roma. Esta construcción sufrió graves daños durante la invasión bárbara y ya en el año 1700 se dio inicio a unas excavaciones que permitieron sacar a la luz diferentes tesoros del arte romano.
Aquí se encuentran el conjunto de ruinas correspondientes a la basílica Emilia, la Curia, antigua sede del Senado Romano, el Arco de Settimo Severio del año 203, las tribunas desde donde hablaban los oradores romanos, la columna de la foca, el templo de Vesta, lugar donde ardía el fuego sagrado que simbolizaba la continuidad de la vida de Roma y la casa de Vestal, que se dedicaba a la alimentar la llama.
El Mercado de Trajano estuvo considerado en la antigüedad como una de las maravillas del mundo clásico, aunque hoy en día apenas se puede ver una ínfima parte de aquel esplendor que tanto caracterizó a este lugar y del que tanto hablan los libros de historia que siempre nos evocan la importancia de este lugar para la ciudad.

Lo que queda del fantástico Mercado de Trajano
Podría decirse que fue uno de los primeros “centros comerciales” cubiertos de la historia dado que en este complejo se encontraban unos 150 locales, algo verdaderamente muy visionario para Trajano quien ideó este lugar allá por el siglo II y que siempre ha dejado sorprendidos a los estudiantes de la cultura romana.
La gran sala es el centro del complejo y en el interior del área arqueológica podremos visitar el Museo Palatino. Este edificio está formado por un gran hemiciclo de dos pisos con una torre que fue edificada allá por el siglo XIII como bastión defensivo.
Y de nuevo volvemos a hacer otra pequeña pausa para disfrutar al máximo de este rincón y tomar fuerzas para seguir recorriendo los diferentes puntos de la ciudad, algo que te invitamos a hacer con nosotros en la próxima entrada.


