
La dinastía Babenberg llegaría al poder en el año 976, estableciendo a Viena como su ciudad residencial, en pleno momento de efervescencia vienés, momento donde se construyen algunos de los más importantes edificios del hoy conocido como centro de la capital austriaca.
Aunque en esta época la ciudad estaba pasando por un momento de verdadero esplendor hay que destacar que Viena también sufrió los continuos ataques de los húngaros, lo que ocasionó que allá por el año 1137 la ciudad fuese completamente fortificada.
Pero esta no sería la dinastía que traería el esplendor completo a la ciudad sino que serían los Habsburgo los que aumentarían el prestigio de este lugar y durante los casi 650 años en los que se mantuvo en el poder, desde el año 1273 con el emperador Rodolfo I hasta bien entrado 1918, con el emperador Carlos I de Austria-Hungría, se pondría fin al longevo mandato de esta dinastía.

Recreación de una celebración en la ciudad
Hay que recordar que los Habsburgo no fueron muy apreciados en sus inicios pero poco a poco se fueron ganando al pueblo con la construcción de diferentes edificios como la Universidad, la expansión del territorio y la anexión de la Borgoña, los Países Bajos y la unión con España mediante Carlos V entre otros acontecimientos.
Durante el mandato de esta dinastía, exactamente en el siglo XVI, la ciudad tuvo dos problemas de importancia, el gran ataque turco del 1529 y las diferentes luchas religiosas entre católicos y protestantes. En el siglo XVII la ciudad fue azotada por la epidemia de la peste, seguida de otro ataque turco en el año 1683, pero de nuevo fueron repelidos y no volverían a atacar la ciudad.


