
Esto hizo que los lugareños comenzasen a visitar el lugar para honrar a Santiago pero fue prohibido durante muchísimos años hasta que este lugar cayó en el olvido. Exactamente hasta el año 813 cuando el eremita Pelayo escuchó cánticos en este lugar y observó diferentes y misteriosos resplandores.
A raíz de estos acontecimientos de apariencia divina, el lugar pasaría a llamarse Campus Stellae o Campo de la Estrella, nombre del cual derivaría con el paso de los siglos el que hoy ostenta esta zona, Compostela.
Pelayo avisaría a Teodomiro, obispo de Iria Flavia, quien tras separar la maleza consiguió identificar los restos del Apóstol tras leer la inscripción que había en la lápida. Pronto se corrió la voz y este suceso llegó a oídos del propio rey Alfonso II, quien no dudo en presentarse en este lugar y proclamar al Apóstol Santiago como patrono del reino, ordenando la construcción en ese mismo lugar de un santuario que después pasaría a convertirse en la Catedral que es hoy en día.

Busto de Alfonso II
Desde este momento comenzaron a sucederse milagros y apariciones en este lugar, lo que hizo que comenzasen a aparecer muchas historias y leyendas que fueron aprovechadas para dar valor a los guerreros que luchaban contra el avance de las tropas árabes que estaban invadiendo la península.
Una de estas leyendas cuenta como Ramiro I, luchando en la batalla de Clavijo, venció a las tropas de Abderramán II ayudado por un jinete sobre un enorme caballo blanco que luchaba a su lado y que finalmente resultó ser el Apóstol. Desde este momento apareció el mito que convertiría a Santiago en el patrón de la reconquista.



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