Marrakech, “a los pies del Atlas” (I)

Marrakech

Volvemos como todos los días, incansables, a continuar con nuestros viajes. Atrás dejamos a la ciudad del pecado y nos dirigimos a un lugar bastante más tranquilo aunque el turismo está muy presente en esta ciudad. Volvemos de nuevo a África, en esta ocasión a Marrakech.

Cuando pronunciamos su nombre, seguramente nos vienen a la mente imágenes como alfombras, desierto, casas de un blanco impecable y cientos de imágenes más propias del cuento de las mil y una noches.

Marrakech

La ciudad fue fundada en 1062 por los almorávides y rápidamente se convertiría en la capital del Imperio Islámico. Tras ellos llegaron los merinidas quienes relegaron a la ciudad a un segundo plano dado que eran auténticos devotos de la ciudad de Fez, pero esto no duraría mucho dado que los saudíes devolvieron la importancia a la ciudad. La economía floreció gracias al comercio.

Y como todo lo que comienza tiene un final.. el final llegó en el siglo XVII de la mano de Muley Ismail, quien ordenó arrancar literalmente toda la ornamentación de muchos edificios realizada en oro y piedras preciosas para llevárselo a su propio palacio, sumiendo de nuevo a Marrakech en un lugar poco agraciado arquitectónicamente en comparación con lo que había sido años atrás.

El gobernante Muley Ismail

En el siglo XX varios fueron los personajes que tras la II Guerra Mundial pasaron aquí temporadas como Sir Winston Churchill o los mismísimos Rolling Stones, devolviéndole a Marrakech el status robado años atrás.

Marrakech se encuentra a los pies de la Cordillera del Atlas donde la mayoría de sus cumbres permanecen nevadas durante todo el año, contrastando con la superficie desértica y con el sol abrasador que vigila a esta ciudad desde el cielo.

La cordillera Atlas

A día de hoy la ciudad se ha convertido en un bullicioso lugar lleno de vida y de color dejando atrás su inestable pasado. Todas las noches se celebra una fiesta en algún lugar y músicas con ritmos árabes, bailarinas de vertiginosas curvas, opíparas pitanzas y multitud de olores se dan cita en este lugar digno de fábula.

Te puede interesar

Escribe un comentario