Pekín, ciudad imperial (Ic)

Continuamos adentrándonos poco a poco en una de las ciudades con más historia, una ciudad milenaria y misteriosa que es capaz de envolver con su encanto a todo quien la visite.

En el anterior post me había detenido en la época cuando Mao Tse Tung llegaba al poder y realizaba lo que se conoció como Revolución Cultural. Esta revolución fue un ataque directo al pensamiento político y social de la nación que aún a día de hoy se sigue sintiendo a pesar del fallecimiento del líder en 1976.

La Revolución Cultural marcó una época

Su sucesor fue Deng Xiao Ping, quien inició una apertura gradual de sus fronteras al resto del mundo, lo que propició la inversión de empresas extranjeras, a turistas e invitando a los empresarios chinos a la creación de nuevas empresas y la concesión de subvenciones a las mismas.

Tan “sólo” desde el año 1999 Pekín ha recibido la friolera de 10.000 millones de dólares estadounidenses en inversiones extranjeras, lo que nos puede dar una imagen de la importancia de esta ciudad en el plano económico, sobre todo en Asia.

El líder chino Deng Xiao Ping

Uno de los mejores lugares para comenzar la que podría ser una visita casi interminable a Pekín, es la Plaza de Tiananmen, donde Mao declaró la fundación de la República Popular China. Pero por lo que más se recuerda a esta plaza fue por las revueltas estudiantiles de 1989 en las que se luchaba por la democracia y en las que hubo sangrientos enfrentamientos entre los jóvenes y el ejército chino.

La Plaza de Tiananmen es el espacio público más grande del mundo y obviamente uno de los centros neurálgicos turísticos no solo de Pekín sino también de China entera. Desde aquí se puede ver la impresionante Ciudad Prohibída, el gigantesco retrato de Mao, la Puerta de Tiananmen y también, si es morboso, podrá ver el mausoleo donde descansan los restos del ex mandatario chino.

Fotografía que dio la vuelta al mundo en las revueltas de 1989

Antes de comenzar con nuestro siguiente apartado dedicado a las visitas les recuerdo que las mejores épocas para visitar la ciudad son primavera y otoño, donde los días soleados y el color del cielo hacen de la visita una auténtica delicia. Si prefiere ir en verano o en invierno tenga en cuenta que el calor puede ser sofocante debido al alto porcentaje de humedad en el aire y a las bajas temperaturas en invierno.

Una vez conocida la historia de la ciudad vamos a meternos ya de lleno en las visitas, que con toda seguridad, no le dejarán indiferente.

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Carlos López

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