Vuelo LH789, Madrid – Beijing con escala en el Infierno

Este verano decidí, junto con mi inseparable Sara, descubrir la China de la que tanto he oído contar. En realidad eran sólo dos semanas, pero que pensábamos aprovechar al máximo. De todas las opciones que teníamos para viajar a Beijing desde Madrid, escogimos volar con Lufthansa, que siempre me ha parecido una compañía bastante aceptable, en clase turista. Y ese fué un grave error. Esa emoción con la que siempre empiezo un viaje me duró muy poco.

Para empezar, el espacio entre asientos era muy muy muy reducido. Vamos, que casi no me podía mover. Y olvídate de dormir. A las dos horas de vuelo ya había perdido la sensibilidad en el 90% de mi cuerpo, y con suerte podía articular palabra para pedir, por caridad, un vasito de agua. Sí, ya sé que hay que reducir costes, que ha subido mucho el combustible, y etc. No voy a ponerme a reclamar vuelos gratis para todos en plan Hugo Chávez, ni voy a llamar al boicot de Lufthansa al estilo de Evo Morales. No te confundas, estimado lector, soy un liberal convencido, y en realidad Lufthansa ha cumplido las condiciones del contrato. Me ha llevado a destino en el tiempo estipulado, sin percances ni retrasos. Pero no esperaba que me metieran en el avión con calzador durante tantas horas. Y más aún cuando otras compañías ofrecen más espacio en los trayectos largos, y por el mismo precio. Y si tengo que pagar un poquito más no me importa. Lo que no quiero es pagar el doble o más por un asiento en business, para poder ir cómodo en el avión. Además, en business también pasan cosas, y sino que se lo digan a Enrique Dans.

La falta de espacio no fúe el único problema. Además tuvimos que sufrir el aire acondicionado. En todos los vuelos ponen el aire acondicionado alto, pero en el vuelo LH789 casi nos matan de frío. No exagero. Yo personalmente soy bastante caluroso, así que no suelo tener problema con el aire acondicionado, más bien al contrario. Pero en este vuelo llevaba una sudadera bastante gruesa, y no me la pude quitar en todo el vuelo. Incluso me puse la capucha de la sudadera para poder dormir sin congelarme. En estas condiciones, la manta que te dan para el vuelo no sirve de nada. Creo que para el próximo vuelo me llevo un edredón nórdico con su funda y todo.

La duda que me queda es: ¿Tengo derecho a quejarme? Al fin y al cabo he pagado un billete de clase turista, y todos sabemos lo que es viajar en clase turista. Pero a veces las pequeñas incomodidades que admitimos en un vuelo se convierten en grandes inconvenientes, sobretodo en vuelos largos. Para mi próximo vuelo lo tengo claro: primero voy a buscar la compañía con la que quiero volar al destino que me interesa. Se acabó eso de buscar el vuelo más barato. Ya se sabe que a veces las ‘ofertas’ acaban resultando muy caras.

A propósito de la elección de compañía aérea, Alvaro escribió hace tiempo sobre las mejores aerolíneas para viajar en clase turista. Pienso repasarlo para mi próximo vuelo largo.

¿Y tú? ¿Cuántas experiencias como esta, o peores has tenido?

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