Acueducto de Segovia

Acueducto de Segovia

Solía decir la filósofa María Zambrano que “en Segovia la luz no se posa desde el cielo, sino que se proyecta desde la ciudad misma” y no le faltaba razón. La ciudad castellana encierra tanta historia y tantos monumentos hermosos que su encanto no pasa desapercibido.

La silueta de Segovia está dibujada por el célebre acueducto romano fechado en el siglo I durante el gobierno del emperador Trajano. No obstante, esta población tiene origen celtíbero aunque la huella romana es la conserva mayor peso en la actualidad gracias al icono en el que se ha convertido esta construcción.

Origen del acueducto

Debe su nombre a la unión de dos palabras latinas aqua (agua) y ducere (conducir). Situado en pleno centro de la ciudad, el acueducto fue edificado en el siglo I para hacer llegar el agua desde la Sierra de Guadarrama hasta la población. Antes de su construcción, los ingenieros romanos debían llevar a cabo un estudio del terreno, de sus desniveles y de las posibilidades del recorrido del agua.

Con la Plaza de la Artillería a la derecha y la Plaza del Azoguejo a la izquierda, parece que el acueducto divide Segovia en dos. Pero lo cierto es que la monumental construcción convive en armonía con el resto de la arquitectura de la ciudad, donde la Catedral, las murallas y el Alcázar merecen mención especial. En la Plaza Mayor podemos encontrar los restos de uno de los desarenadores de época romana, que se utilizaba para erradicar las impurezas del agua.

Plaza de Azoguejo

Características del acueducto de Segovia

La función del acueducto era trasladar la preciada agua desde el manantial de la Fuenfría, a 17 kilómetros de distancia, hasta Segovia. Para ello se levantó esta monumental obra de ingeniería romana con casi 30 metros de altura y 167 arcos que aprovechaba los desniveles del terreno a lo largo de 16.222 metros para abastecer a la población.

La construcción está dividida en tres partes diferentes: La zona extraurbana (donde se recogía el agua), la zona periurbana (el tramo del acueducto que conducía el agua) y la zona urbana (donde el agua era conducida y distribuida a su destino).

Una vez llegaba a Segovia, el agua se recogía en una cisterna que recibía el nombre de ‘El Caserón’ y mediante un sofisticado sistema de distribución realizado con arquetas que se subdividían se abastecía de agua a las fuentes y a los aljibes de las casas particulares.

Además. el acueducto de Segovia presentaba alrededor de 15 kilómetros de canalizaciones subterráneas, entre la captación en la base de Sierra de Guadarrama y el suburbio de la localidad, donde emergía el canal sobre arcadas a lo largo de 800 metros aproximadamente.

Pero no sólo el agua venía de la Sierra de Guadarrama sino también los bloques de piedra granítica que se usaron para su construcción.

Al contemplar tan maravillosa y antigua obra de ingeniería civil, muchos se preguntan cómo es posible que haya resistido al paso del tiempo en perfectas condiciones. Los romanos no daban puntada sin hilo y el acueducto está formado por 120 pilares que sostienen los 167 arcos constituidos a su vez por sillares que están unidos sin ningún tipo de argamasa. ¡Se sostienen mediante un perfecto estudio de las fuerzas de empuje entre los bloques de piedra!

En 1999 fue declarado Monumento Histórico Artístico Internacional de la Ingeniería Civil, por el ASCE (American Society of Civil Engineers).

Acueducto de Segovia

Estuvo en uso hasta hace poco

Los romanos hicieron tal obra de arte que el acueducto estuvo en uso hasta fechas recientes sin sufrir apenas modificaciones a través de los siglos.

Sólo durante el ataque musulmán contra Segovia en el año 1072, unos 36 arcos sufrieron deterioro. Los daños fueron restaurados por fray Juan de Escobedo en el siglo XV.

Desde los inicios han existido en el acueducto dos hornacinas donde probablemente había dioses paganos pero fueron sustituidas por las imágenes de San Sebastián y de la Virgen en tiempo de los Reyes Católicos. Bajo las hornacinas existió una leyenda en letras de bronce referentes a la fundación del acueducto, de la que sólo queda el rastro de la inscripción actualmente.

La leyenda del acueducto de Segovia

Esta leyenda cuenta que una niña vendió su alma al diablo a cambio de la construcción del acueducto con tal de no tener que subir y bajar todos los días a por agua a lo alto de la montaña.

El diablo aceptó el trato pero para llevarse el alma de la niña lo debía terminar antes de que cantara el gallo a la mañana siguiente, lo que no consiguió y la niña se libró por poco de tan aciago destino.

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