Albarracín, el pueblo más bello de España

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La provincia de Teruel es uno de esos territorios que componen la España vaciada. Un lugar prácticamente desconocido para el turismo que sin embargo alberga verdaderas joyas que merece la pena conocer. Aquí encontramos uno de los mejores ejemplos de arte mudéjar del mundo, lo que le ha valido ser reconocida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Es además cuna de dinosaurios pues en la provincia se han descubierto en los últimos años diez especies de estos reptiles prehistóricos y por si fuera poco en Teruel se encuentra la llamada Toscana española, concretamente en la comarca de Matarraña.

Uno de sus tesoros mejor conservados es Albarracín, una localidad medieval emplazada en los Montes Universales que está considerada como el pueblo más bello de España. ¿Quieres saber por qué? ¡Sigue leyendo!

¿Dónde está Albarracín?

Albarracín se encuentra asentado en el istmo y la península que forma el río Guadalaviar. Está rodeado por un profundo tajo que hace de foso defensivo, complementado por el imponente cinto de murallas que culminan en el castillo del Andador. Su localización, a 1182 metros de altitud, y su clima ofrecen un amplio abanico de actividades centradas especialmente en actividades al aire libre como el ciclismo de montaña o el senderismo. Además, en los alrededores se encuentran un gran número de pinturas rupestres a tan sólo minutos de la carretera principal.

¿Cómo llegar a Albarracín?

Esta localidad aragonesa se encuentra a escasos 35 kilómetros de Teruel, a tan sólo media hora de capital. Aunque existe la posibilidad de ir en bus, el coche es el mejor medio para explorar la ciudad y sus alrededores con libertad.

Origen de Albarracín

Desde sus orígenes Albarracín ha estado marcada por su ubicación, siendo determinante su potencial como lugar defensivo. Nació como una pequeña aldea en torno a la iglesia prerrománica de Santa María. Hacia el año 965 d.C se desarrolla el primero recinto defensivo durante la ocupación musulmana, la cual comprendía la iglesia de Santa María y el Alcázar.

¿Qué ver en Albarracín?

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Alcázar y torre del Andador

En la actualidad del alcázar, ubicado en uno de los extremos de la población dominando el río Guadalaviar, se conservan sólo los restos de los basamentos de la muralla y de los torreones. En la planta superior se encontraba la residencia principal entorno a un patio, bajo el que se localiza un gran aljibe.

La torre del Andador, que en un comienzo fue una torre albarrana, también data de finales del siglo X y se incluyó en el recinto fortificado a comienzos del siglo XI, cuando la ciudad se convirtió en capital de la taifa gobernada por los Banu Razin, de origen bereber. Del siglo XIII data la torre Blanca situada junto a la iglesia de Santa María. Con ella se completó el sistema defensivo de la ciudad.

Su importancia defensiva se perdió en el siglo XVIII, cuando Felipe V abolió los fueros de Aragón y ordenó desmantelar la fortaleza, aunque no las murallas y las torres principales, como la del Andador o la de Doña Blanca.

En las últimas décadas del siglo XX se realizan trabajos de rehabilitación para recuperar los muros oeste y sur y hacia el año 2000 se declara a este conjunto Bienes de Interés Cultural.

Las calles de Albarracín

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Pero el encanto de Albarracín está sobre todo en el trazado de sus calles adaptadas a la difícil topografía del terreno, con escalinatas y pasadizos. Cada rincón, cada casa es objeto de admiración por sus puertas y llamadores, sus diminutas ventanas con visillos de encaje, sus balcones corridos en rica forja y de madera tallada… El monumento principal de Albarracín es la ciudad misma, con todo su sabor popular y aristocrático, reflejo de su historia y del buen hacer de sus gentes.

No obstante, entre las mansiones señoriales y la arquitectura popular podemos destacar: la casa de la Julianeta, la casa de la calle Azagra, la plaza de la Comunidad y la pequeña y evocadora Plaza Mayor.

Ahora, bien mención especial merecen edificios como la Iglesia de Santa Maria, la Catedral, el Palacio Episcopal.

Catedral de El Salvador

Imagen| Fundación Santa María de Albarracín

La catedral de El Salvador se levantó entre 1572 y 1600, sobre un templo anterior de estilo románico y mudéjar.  Estamos ante una construcción renacentista de una sola nave cubierta con bóvedas de crucería policromadas de tradición gótica tardía. Presenta capillas entre contrafuertes y un coro a los pies.

Se sustenta por pilastras y cornisas barrocas, que forman parte de la redecoración que se hizo a inicios del siglo XVIII en esta catedral cambiando su fisonomía gótica por la barroca. En el siglo XIX el interior se pintó de color gris y con la posterior rehabilitación del templo a comienzos del siglo XXI se ha eliminado esta pintura para devolver las paredes al color original del siglo XVIII.

La Catedral de El Salvador dispone de un claustro a través del cual se puede acceder al Palacio Episcopal que se encuentra junto a ella. En la actualidad este edificio alberga el Museo Diocesano que custodia una importante colección de tapices y orfebrería.

Palacio Episcopal

El Museo Diocesano de Albarracín está situado en la planta noble del Palacio Episcopal, un edificio del siglo XVIII. Se puede visitar dentro de un recorrido organizado por la Fundación Santa María de Albarracín, llamado Albarracín Espacios y Tesoros, que es quien gestiona el museo.

Dentro de su vasta colección podemos destacar las piezas de orfebrería procedentes del tesoro de catedral y los tapices flamencos realizados en el taller bruselense de Geubels, los cuales representan la historia de Gedeón.

No obstante, también se pueden visitar las estancias del palacio como por ejemplo sala de la Mayordomía, las salas oficiales del obispo y sus aposentos privados donde cabe resaltar el despacho, decorado con pinturas murales del siglo XIX. Otras estancias muestran instrumentos musicales con los que se acompañaba las celebraciones de la catedral, libros corales, tablas góticas y algunos muebles.

Iglesia de Santa María

Se halla a las afueras de la ciudad, en el que antaño fuera el núcleo de la población. El templo original fue una iglesia visigótica que formaba parte del sistema defensivo de la ciudad, es decir de las murallas, pero un incendio acontecido en el siglo XV le ocasionó graves desperfectos por lo que la iglesia actual del siglo XVI de una sola nave cubierta con bóveda de crucería vino a sustituirlo. En el siglo XVIII la iglesia de Santa María fue la iglesia del convento de los Dominicos, hoy ya desaparecido.

Su exterior es de estilo mudéjar, lo cual no se aprecia en su interior donde destaca la profusa decoración de altorrelieves en yeso que ofrece el púplito de la iglesia y la comunidad de Albarracín. Posee numerosos retablos de gran importancia aunque el más significativo es el del altar mayor que data del siglo XVI.

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Ruta a las Murallas de Albarracín

Una visita a Albarracín no está completa sin conocer las murallas que la rodean y que forman parte del conjunto histórico-monumental del municipio. Existen tres vías para llegar: por la calle del Chorro, por la subida a las Torres desde la iglesia de Santiago y por el portal de Molina. Durante el recorrido hay que subir unas buenas cuestas, por lo que conviene llevar calzado cómodo y algo de agua.

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