Cala Xarraca, rincón encantador en Ibiza

 

Ibiza es una de las Islas Baleares conocida por ser uno de los grandes destinos turísticos de Europa a la hora de buscar sol, playa, gastronomía y mucha fiesta. Tiene 572 kilómetros cuadrados y en un rincón de su costa norteña está la Cala Xarraca.

Xarraca es una de las tantas calas que tiene Ibiza y hoy hablaremos de ella.  ¿Qué tal pensar en Ibiza el próximo verano?

Ibiza y sus calas

La costa de Ibiza es de 210 kilómetros, el clima es estupendo y su geografía es variada. Fue a finales de los años ’60, comienzos de los ’70 cuando empezó a llegar el turismo en serio y de su mano la isla empezó un mayor desarrollo, más allá de las actividades económicas tradicionales como la agricultura y la pesca.

Ibiza tiene playas y tiene calas. Los españoles llaman “calas” a las ensenadas particularmente pequeñas. Pero básicamente una cala es una ensenada, una entrada de agua sobre el territorio que es circular o al menos redondeada, de boca estrecha. Piensa en una bahía bastante cerrada y bastante pequeña. Eso es una cala, y en Ibiza hay muchas.

Una de esas preciosas calas es la Cala Xarraca. Está a cinco kilómetros de San Juan, al norte de la isla. La rodean rocas y tiene una longitud de 70 kilómetros con 20 metros de ancho. Es una playa particular porque tiene un gran desnivel así que hay que tener cuidado al meterse al agua. Además, hay mucha posidonia, mucha, por lo que algunas personas prefieren no visitarla.

¿Qué es la posidonia? Una planta acuática que es endémica del Mar Mediterráneo. Tiene raíces, tallo y hojas, florece en otoño y da frutos que al desprenderse quedan flotando en el agua y parecen por eso “olivas de mar”.

La Cala Xarraca está a 21 kilómetros de Ibiza ciudad y a solo 5 de Sant Joan, San Juan, entre las puntas de Xarraca y de sa Torre. Es difícil llegar en otra cosa que no sea en coche, hay muchas pendientes, así que hay que usar la carretera que une Ibiza con Portinatx, la C-733, y seguir las indicaciones hacia la pequeña ensenada. En el kilómetro 17 está bien señalizado el desvío correspondiente.

Llegados aquí la cala tiene tres playas, dos bastante pequeñas y la más grande que mide unos 70 metros de largo por 20 de ancho, como dijimos más arriba. Se accede a la bahía por la primera playita que está justo enfrente del restaurante Cala Xarranca. En temporada alta puede ser un sitio un poco atestado, pero es aquí donde puedes alquilar tumbonas y sombrillas.

La arena es de color tostado, algo gruesa, con rocas pequeñas y también, como dijimos, con mucha posidonia, pero las aguas son cristalinas. Alrededor hay acantilados, abrigando la pequeña entrada de agua, tachonados con pinos y algunos edificios residenciales. A la izquierda de la entrada hay un senderito que te lleva a la parte mas recluida de la cala porque es donde hay mas posidonia. Tal vez gente haciendo nudismo o bañada en barro.

Frente a este rincón hay un islote pequeño. Entre la costa y el islote, al que puedes llegar nadando, las aguas son perfectas para practicar snorkel o submarinismo porque las aguas son cristalinas. Además, precisamente, la abundante presencia de posidonia hace que estas aguas tengan mucha fauna marina ya que las plantas logran un ecosistema particularmente rico para que la vida de todo tipo se desarrolle.

Por otro lado, yendo en dirección derecha desde la entrada a la cala están las casitas de los pescadores o varaderos. La arena es muy escasa, casi nula, y hay cemento. Sí, una plataforma de concreto desde cuyo extremo los veraneantes se arrojan al agua aprovechando su altura de dos o tres metros y las cuerdas que se han colgado para volver a trepar.

Recuerda que la playa, a diferencia de muchas potras playas y calas de Ibiza en la que cuando las aguas se retiran un poco son bastante planas, tiene un desnivel importante a muy pocos metros de la orilla. Las rocas desprendidas del fondo y la vegetación hacen poco recomendable acercarse con embarcaciones así que si llegas en botecito lo mejor es fondear en Illot de sa Mesquida, cerquita, con un lecho de arena, rocas y algas y al menos unos seis metros de profundidad.

Entonces, resumiendo un poco: la playa está a cinco minutos de San Juan. Solo se llega en coche y conviene ir temprano porque el lugar para estacionar es pequeño. Puedes ir con niños. El agua es cristalina y puedes hacer snorkel. Se alquilan tumbonas y sombrillas y hasta puedes darte baños de barro en la parte izquierda de la cala. Del barro se dice que tiene propiedades curativas.

Puedes llevar tu propia comida pero si no quieres cargar cosas hay un restaurante que desde hace 30 años es administrado por la misma familia, los Tur. El restaurante abre todos los días, en verano, de 9 de la mañana a las 11:30 de la noche, pero cierra entre octubre y Semana Santa. Es un bonito sitio, tranquilo, con vistas estupendas del mar, los acantilados y los bosques de pinos y una carta muy mediterránea.

Puedes pedir paella de pescado, siempre con pescado fresco, ensaladas o platos de carne y de postre, el clásico de la isla, la greixonera (pudín con canela, limón y ensaimadas). Amén de que si llegas temprano y no desayunaste lo puedes hacer aquí mismo disfrutando de un café con tostadas. Finalmente, aunque la cala no tiene hoteles puedes quedarte cerca en algún hotel o apartamento en Portinatx o en San Juan.

Un último dato: si eres aficionado al senderismo y adoras caminar hay un itinerario de 12, 77 kilómetros que une San Juan con Cala Xarraca. La primera parte atraviesa montañas y bosques, pasando por Font des Avencs, y llega a la Bahía de Xarraca que es donde está nuestra pintoresca cala. A la vuelta hay que ir subiendo pero combina tramos de tierra con tramos asfaltados. Y sí, las vistas de la costa son dignas de ver e inmortalizar con fotografías.

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