
Algunos lugares no suelen aparecer en las guÃas turÃsticas y sin embargo resultan impactantes para cualquier viajero de mente abierta y despojado de prejuicios. Uno de estos lugares se encuentra cerca de la ciudad portuaria de Chittagong, en Bangladesh: uno de los mayores astilleros de desguace del mundo, un gigantesco e impresionante cementerio de barcos.
A lo largo de 18 kilómetros en la costa en el Golfo de Bengala, cientos de barcos llegan cada año hasta aquà para realizar su último viaje. Los obreros, que trabajan en condiciones lamentables, deshacen con sus propias manos las naves tornillo a tornillo. El metal extraÃdo se lleva a los hornos de fundición y nutre a una industria que nació en los años 60 y genera grandes ingresos al paÃs.
Y todo empezó casi por casualidad. En 1960 un ciclón dejó varado en estas costas a un viejo buque de carga griego. La nave no podÃa ser reflotada por lo que se decidió abandonarla allÃ. Cinco años después la empresa Chittagong Steel House la compró y consiguió desguazarla con la ayuda de los lugareños. Era el comienzo del inicio de una nueva industria para Bangladesh.
Hoy los barcos moribundos son llevados hasta aquÃ, hasta quedar encallados en un mar de lodo. Primero se les extrae el aceite y el combustible que queda asà como los productos quÃmicos de extinción de incendios, que son revendidos. Luego le llega el turno a la maquinaria y los accesorios, y finalmente todo lo demás:  nada se desperdicia: cables, baterÃas, generadores, botes salvavidas…
La media de tiempo para hacer desaparecer un barco en Chittagong es de tres meses. Y todo se realiza a mano, mediante trabajadores que reciben salarios de miseria y que realizan su labor expuestos a  inhalar toda clase de humos nocivos y al riesgo de ser electrocutados, aplastados por la caÃda de escombros asà como a contraer todo tipo de enfermedades en un entorno altamente insalubre.