La Torre Eiffel, un icono de Francia

Hoy vamos a hablar de un monumento que hemos visto miles de veces en la televisión y en imágenes,  y que muchos ya hemos visitado, al menos una vez. Si tuviésemos que hacer una lista de esos monumentos que todo el mundo debería ver por lo menos una vez en la vida, estamos seguros de que la Torre Eiffel se encontraría entre los primeros. Y no es para menos, porque esta gran torre de metal se ha convertido en todo un icono de Francia.

Utilizar la Torre Eiffel en cualquier imagen o dibujo es evocar el espíritu francés o parisino. Pero no siempre fue un monumento tan querido y popular, ya que en sus inicios tenía su funcionalidad y hubo quien lo criticó por su falta de estética. Sea como sea, hoy en día es otro de esos lugares en los que hay que perderse durante unas horas para vivir otra experiencia inolvidable.

Historia de la Torre Eiffel

 

La Torre Eiffel fue un proyecto que se inició para representar a la Exposición Universal de 1889 en París, siendo su punto central. Era un hito importante en la ciudad, ya que también se estaba conmemorando el centenario de la Revolución Francesa. Inicialmente se le llamaba la torre de los 300 metros, más tarde pasaría a utilizar el nombre de su constructor.

La estructura de hierro fue diseñada por Maurice Koechlin y Émile Nouguier y construida por el ingeniero Gustave Eiffel. Tiene una altura de 300 metros, prolongada más tarde por una antena de 324 metros. Durante 41 años tuvo el título de estructura más alta del mundo, hasta que se construyó el edificio Chrysler en Estados Unidos. Su construcción duró dos años, dos meses y cinco días, estando a punto para ser el plato fuerte de la Exposición Universal de París.

Aunque en la actualidad es todo un símbolo parisino, en su momento muchos artistas la criticaron viéndola como un gran monstruo de hierro que no aportaba valor estético a la ciudad. Hoy en día es el monumento de entre los que cobran entrada que más visitantes tienen al año, con unos siete millones, por lo que se puede decir que ahora sí que se aprecia su estética. No obstante, no solo es un monumento, ya que durante muchos años fue una antena con emisora y programas de radio y de televisión.

Visitando la Torre Eiffel

Si estás pensando en hacer una escapada a París,  la Torre Eiffel será uno de los  primeros lugares que querrás visitar. Ante todo se recomienda  paciencia, ya que suele haber largas colas para subir a la cima, sobre todo si vais en temporada alta. En ocasiones hay que hacer más de una hora de cola. Abre todos los días del año, y el horario suele ser de nueve de la mañana a once de la noche, y hasta las doce los meses de verano y temporadas como Semana Santa. Todo el mundo quiere llegar a la cima, pero lo cierto es que el acceso se puede llegar a restringir por razones meteorológicas o por exceso de afluencia.

Al llegar a la torre se pueden comprar tickets para el ascensor, para el ascensor con la cima y también para el acceso a las escaleras que llegan hasta la segunda planta. La tarifa para adultos es de 17 euros con ascensor y cima, 11 con ascensor y 7 euros a las escaleras.

Una vez dentro de la Torre Eiffel, debemos conocer los distintos niveles y lo que hay en cada uno de ellos. No se trata de subir en un ascensor hasta arriba sin descanso, ya que en la torre hay muchas más cosas interesantes por descubrir. En el primer nivel, a 57 metros, encontramos el mayor mirador, con una capacidad de hasta 3000 personas y con vistas de 360 grados a la ciudad de París en una galería circular con mapas para situar los monumentos de la ciudad y con catalejos. Además, aquí se encuentra el restaurante Altitud 95 con vistas panorámicas del exterior y hacia el interior de la torre. También se puede ver una parte de la sección de la escalera en espiral que antiguamente ascendía hasta  la cima y que se desmanteló en los ochenta.

En el segundo nivel de la torre, a 115 metros, nos encontramos con una plataforma de 1650 metros cuadrados, que puede albergar a unas 1600 personas. Aquí están sin duda las mejores vistas, dada su altitud y la posibilidad de tener una visión panorámica de la ciudad. En este piso también está el restaurante Le Jules-Verne, que aparece en la Guía Michelín y que cuenta, como no, con grandes ventanales.

En el tercer nivel, que solamente es accesible mediante ascensor, solamente hay unos 350 metros cuadrados de superficie, con 275 metros de altitud. Es un espacio cerrado, en el que hay mapas de orientación. Hay unas escaleras por las que se puede llegar a una plataforma exterior un poco  más arriba, aunque es el mismo piso. No siempre se puede subir, pero si tienes la ocasión, no la desperdicies, aunque no es apto para quienes tengan vértigo.

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