
El cementerio de PĂ©re Lachaise es uno de los lugares mĂ¡s visitados de ParĂs, puesto que los personajes allĂ enterrados rivalizan en fama con los ilustres que descansan en el mismĂsimo PanteĂ³n. Uno de estos personajes es el famoso poeta y escritor irlandĂ©s del siglo XIX  Oscar Wilde. Y su tumba bien merece una visita.
Un bloque de piedra de 20 toneladas fue cincelado para crear una figura alada parecida a la Esfinge emprendiendo el vuelo hacia adelante con sus alas verticalmente extendidos. La estatua se basa en el poema de Wilde «La Esfinge». Pero hay algo que ha hecho aĂºn mĂ¡s popular este monumento: los besos marcados sobre la lĂ¡pida, una huella de carmĂn que sirven para rendirle homenaje junto a otras inscripciones espontĂ¡neas.
Esta moda se iniciĂ³ en la dĂ©cada de los 90, con un primer e inocente beso sobre la tumba. Como los candados del Puente de Milvio en Roma, el ejemplo fue seguido cada vez por mĂ¡s gente  cuando alguien decide dejar un beso lĂ¡piz labial en la tumba. Otro pasatiempo de culto en la capital francesa, aunque castigado con severas multas.
Pero por mucho que se esfuercen las autoridades, se trata de un fenĂ³meno imparable. Las manchas de lĂ¡piz de labios de color rojo se han filtrado en la piedra y son casi imposibles de borrar sin dañar la estatua.
En 2011, para celebrar el 111º aniversario de la muerte de Oscar Wilde, las autoridades levantaron una barrera de vidrio que rodea la tumba. Ahora los turistas dejan sus besos en el cristal. No se pueden poner puertas al campo.