
Cuando uno piensa en la provincia de Lugo, enseguida vienen a la cabeza sus playas salvajes del Cantábrico, valles verdes infinitos y pueblos llenos de calma donde todavía se puede viajar sin prisas. Más allá de la capital, el mapa está salpicado de pequeñas villas históricas, aldeas de montaña y núcleos marineros que conservan intacta la esencia de la Galicia más auténtica.
Si buscas 2 pueblos cerca de Lugo para visitar en una escapada corta, lo cierto es que la oferta se queda muy corta: hay tal cantidad de lugares con encanto que lo natural es acabar ampliando la ruta. De la costa de A Mariña a las montañas de Os Ancares, pasando por la Ribeira Sacra y las tierras de Lemos, encontrarás monasterios milenarios, castillos, cascos históricos medievales, miradores espectaculares y tradiciones que siguen muy vivas.
Viveiro y Foz: dos joyas marineras al norte de Lugo
En la franja más septentrional de la provincia, la comarca de A Mariña concentra algunos de los pueblos costeros más bonitos de Lugo, con Viveiro y Foz como paradas imprescindibles. Ambas localidades combinan playa, patrimonio histórico y una gastronomía marinera que hace muy difícil no quedarse a comer.
Viveiro: murallas medievales y eucaliptos gigantes

Viveiro se asienta en la desembocadura del río Landro, en un entorno donde se mezclan rías tranquilas, montes cubiertos de eucaliptos y un casco histórico protegido por murallas medievales. La villa conserva tres de sus antiguas puertas de acceso: la Porta da Vila, la Porta do Valado y la de Carlos V, que da la bienvenida al viajero junto al puente de la Misericordia, con sus almenas y torrecillas del siglo XVI.
Pasear sin prisa por el centro histórico permite descubrir joyas como la Iglesia de Santa María de Viveiro, un magnífico templo románico del siglo XII con una portada de cuatro arquivoltas, o la famosa Casa de los Leones, fachada de un edificio tardo-renacentista hoy desaparecido donde aún luce un enorme escudo sostenido por dos leones.
Uno de esos rincones con encanto que sorprenden al visitante es la gruta de Lourdes, una capilla al aire libre que replica la famosa cueva francesa y que se construyó en 1925, rodeada de vegetación y con un aire casi mágico. Desde allí, en pocos pasos se llega a la Plaza Mayor, corazón de la villa, flanqueada por casas con corredores, balcones de madera y galerías acristaladas tan típicas de la arquitectura gallega. La escultura del escritor y político Nicomedes Pastor Díaz preside el espacio y recuerda el peso cultural de Viveiro.
En el apartado monumental despuntan también el convento de San Francisco, cuyo claustro conserva arcos románicos primitivos, la iglesia de San Pedro con sus interesantes canecillos tallados en los aleros y los restos de las antiguas murallas, que siguen marcando el trazado del casco antiguo junto con varias casas blasonadas.

Para cambiar de perspectiva, nada como subir en coche o caminando hasta el mirador de San Roque, uno de los balcones más espectaculares sobre la ría y la playa de Viveiro. La panorámica del casco urbano, la ría y los montes que la rodean permite entender por qué este rincón de A Mariña engancha tanto a quien lo visita.
Si te apetece una pequeña excursión en plena naturaleza, muy cerca se encuentra el Souto da Retorta, declarado Monumento Natural. Se trata de un bosque de eucaliptos centenarios junto al río Landro, donde destaca el impresionante “Avó”, un ejemplar plantado hacia 1880 que supera los 60 metros de altura y más de 10 metros de perímetro. Es un paseo corto, sencillo y perfecto para disfrutar del silencio del bosque.
Foz: castillos de roca, playas infinitas y huella romana
Un poco más al este, en la desembocadura del río Masma, espera Foz, antiguo puerto ballenero y hoy destino perfecto para combinar playa, historia y buenas mariscadas. El municipio presume de más de 20 kilómetros de arenales de arena fina y aguas transparentes, entre los que sobresale la playa de A Rapadoira, muy cerca del casco urbano y con todo tipo de servicios.
Uno de los paisajes más singulares de la costa focense es la zona conocida como Os Castelos de Foz, donde tres enormes formaciones rocosas emergen del mar con aspecto de fortalezas. El paseo marítimo permite recorrer buena parte del litoral disfrutando de vistas constantes al Cantábrico y a los dos puertos de la localidad, el deportivo y el comercial.
Foz no es solo mar: en el extremo de la playa de Arealonga se alza el castro de Fazouro, uno de los asentamientos costeros mejor excavados de toda Galicia y el único visitable en esta franja litoral. En sus cerca de 700 metros cuadrados se pueden distinguir los restos de viviendas y estructuras defensivas que hablan de cómo era la vida en este rincón entre los siglos I y III.

Muy cerca, aunque ya en el vecino municipio de Barreiros, aparece la silueta de San Martiño de Mondoñedo, considerada la catedral más antigua de las conservadas en España. Sus orígenes se remontan al siglo VI y, aunque fue transformada entre los siglos X y XIII, sigue siendo un templo románico de enorme interés, con pinturas murales y capiteles que merecen una visita tranquila.
Los aficionados al senderismo tienen otra cita destacada en el pico da Frouxeira, de 427 metros de altura, cuya cima alberga los restos del Castelo da Frouxeira, antigua fortaleza del mariscal Pardo de Cela. La subida regala unas vistas abiertas sobre la costa lucense que compensan con creces el esfuerzo.
Ribadeo y Barreiros: la puerta oriental y la costa de interminables arenales
En el límite con Asturias se encuentra Ribadeo, uno de los pueblos más conocidos de Lugo gracias a la famosísima playa de las Catedrales, pero que guarda muchos más atractivos. Muy cerca, el municipio de Barreiros completa el cuadro con largas playas abiertas al Cantábrico y un entorno perfecto para el turismo activo. Si quieres ampliar la ruta por la vecina comunidad, consulta los pueblos más bonitos de Asturias.
Ribadeo: arquitectura indiana y la playa de las Catedrales

Ribadeo se despliega entre el mar Cantábrico y la ría del Eo, que marca la frontera natural con Asturias. Su casco histórico combina casas de marineros y artesanos con elegantes residencias indianas de finales del siglo XIX y principios del XX, construidas por emigrantes retornados de América que quisieron dejar huella de su prosperidad.
La Plaza de España es el epicentro de la vida local y donde se concentran varios de los edificios más representativos: el pazo neoclásico de Ibáñez, sede del Ayuntamiento; la llamativa Torre de los Moreno, con sus tres fachadas ricamente decoradas y su cúpula recubierta de cerámica vidriada; el convento de Santa Clara, con un interesante claustro del siglo XVIII; y la iglesia de Santa María del Campo, levantada sobre un antiguo convento franciscano del siglo XIII y que conserva arcos románicos y retablos barrocos.
En la parte baja de la villa se conserva el castillo de San Damián, fortaleza del siglo XVII reconstruida en el XVIII con un amplio patio amurallado desde el que se domina la ría. Muy cerca, el parque etnográfico de O Cargadoiro pone en valor los restos de un antiguo cargadero de mineral que recuerda la importancia industrial de Ribadeo en otros tiempos.
Uno de los elementos más curiosos del paisaje urbano actual es el ascensor panorámico que conecta el muelle con el centro de la villa, salvando un desnivel de 21 metros. Su diseño ha sido premiado y ofrece una forma cómoda y diferente de moverse por Ribadeo, con vistas constantes a la ría.

Y, cómo no, está la gran estrella: la playa de las Catedrales (Aguas Santas), uno de los parajes naturales más impresionantes de toda Galicia. Sus arcos y bóvedas de roca, esculpidos por el mar y el viento, forman un auténtico templo de piedra al aire libre. Para visitarla en temporada alta suele ser necesario reservar, así que conviene organizar bien la escapada.
En conjunto, todos estos pueblos cerca de Lugo —desde las villas marineras de A Mariña hasta las aldeas de montaña de Os Ancares o los núcleos históricos de la Ribeira Sacra— dibujan una provincia sorprendentemente variada, donde el patrimonio histórico, los paisajes espectaculares, el Camino de Santiago y la vida rural más auténtica se dan la mano. Elegir solo dos destinos es casi imposible: lo más sensato es dejarse llevar por las distancias cortas, improvisar sobre la marcha y disfrutar de una Galicia interior y costera que todavía permite viajar sin prisas y con mucho carácter propio.


