Pirineo aragonés, maravillas naturales y mucha historia

El valle de Benasque

Valle de Benasque

El Pirineo aragonés comprende una extensa área que va desde los valles más occidentales de Navarra hasta los municipios que integran La Ribagorza y que lindan con Cataluña. Es una de las mejores zonas de alta montaña de la Península Ibérica con las cimas más altas de la cordillera pirenaica. Picos con el Aneto, el Monte Perdido o el Posets superan los tres mil metros de altura.

Por tanto, el Pirineo aragonés te ofrece maravillosos paisajes conformados por valles, ríos salvajes, bosques, glaciares e ibones, así como una extraordinaria reserva de flora y de fauna. Pero también encontrarás en él preciosos pueblos creados en base a la arquitectura popular, numerosos monumentos y una exquisita gastronomía. Si te apetece conocerlo, vamos a mostrarte algunos lugares que merecen tu visita.

Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido

Con una extensión de casi dieciséis mil hectáreas, se encuentra en la zona del Sobrarbe. Ostenta los títulos de Reserva de la Biosfera, Zona de Especial Protección para las Aves y Patrimonio de la Humanidad. En su flora destacan especies endémicas de la zona como la borderea pineráica y bosques de hayas, abetos o pinos, mientras que su fauna destaca por la importante presencia del quebrantahuesos, el rebeco o el oso pardo.

Todo el parque es una verdadera maravilla, pero puntos destacados en él son el propio valle de Ordesa y el de Pineta, el cañón de Añisclo, las gargantas de Escuaín, el circo de Gavarnie (ya en Francia), el lago Helado y la cascada de Soaso.

El Parque Nacional de Ordesa

Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido

Valle de Benasque

Situado a los pies de los picos Aneto, Posets y Perdiguero, este valle alberga ríos, lagos y bosques de gran belleza. Puedes acceder a él por el congosto de Ventamillo, un impresionante cañón con paredes de trescientos metros de altura.

También encontrarás en la zona preciosos pueblos típicos como el propio Benasque; Cerler, donde hay una estación de esquí; Sesué, con una iglesia románica lombarda del siglo XII; Arasán, con una iglesia del XVI, o Liri, donde verás el paraje de las Doce Cascadas.

Ibón de Anayet

Por si no lo sabes, «ibón» es la palabra con que se denomina en aragonés a los lagos helados con origen glaciar. Solo en el valle de Tena hay unos setenta, pero destaca sobre los demás el de Anayet. Conforman este paisaje el pico del mismo nombre y varias lagunas a las que accederás desde Formigal, donde también tienes una estación de esquí.

Lanuza

En el mismo valle de Tena hallarás uno de los pueblos más bonitos del Pirineo aragonés: Lanuza. Pertenece al municipio de Sallent de Gállego y es una localidad idílica con casas de estilo montañés edificadas con piedra y pizarra. Está ubicada en la ribera del embalse del mismo nombre y en su iglesia alberga un relicario de plata del siglo XVI.

Vista de Ansó

Ansó

Ansó

Este pequeño pueblo no tiene desperdicio. Sus casas también responden al peculiar estilo de la montaña aragonesa. Además, entre unas y otras hay estrechas callejuelas de apenas cincuenta centímetros de anchura llamadas arteas. Así mismo, su iglesia parroquial es del siglo XVI y alberga un órgano del XVIII y un retablo barroco. También destacan el torreón medieval donde, al parecer, estuvo prisionera Blanca II de Navarra y el Museo Etnológico, donde podrás familiarizarte con las costumbres ansotanas.

Canfranc

Situado en la comarca de la Jacetania, llena de historia, este pueblo es famoso por su impresionante estación de ferrocarril que fue inaugurada por Alfonso XIII en 1928. Actualmente no presta servicio, pero era la última parada antes de pasar a Francia y durante el convulso siglo XX acumuló leyendas sobre espías y tesoros ocultos. Es una imponente construcción en la que destacan los grandes ventanales bajo arcos de medio punto y el tejado de pizarra. Pero, sobre todo, te llamará la atención su colosal cúpula central.

También puedes ver en esta preciosa localidad la Torreta de los Fusileros, una edificación militar del XIX; el fuerte de Coll de Ladrones, del que se conserva su fachada norte; la iglesia románica de la Asunción, que posee varios retablos barrocos, o la torre de Aznar Palacín (siglo XIV).

La estación de Canfranc

Estación de Canfranc

Jaca

Más importante que el anterior es el pueblo de Jaca, capital de la comarca de la Jacetania. Se halla en la Canal de Berdún, una terraza de tipo fluvioglaciar y cuenta con magníficos monumentos.

El más popular es el castillo de San Pedro o Ciudadela de Jaca, una impresionante fortificación única en Europa que además alberga un precioso museo de miniaturas militares. También es famosa la catedral de San Pedro, edificada en el siglo XI y que es considerada la primera que se construyó en España siguiendo los cánones del Románico. Además, tienes que ver el Real Monasterio de las Benedictinas y la iglesia del Carmen, uno y otra del siglo XVI; la torre del Reloj, gótica del XV; el puente medieval de San Miguel y, ya fuera de la localidad, el fuerte de Rapitán y el impresionante Real Monasterio de San Juan de la Peña.

En fin, estos son algunos de los lugares que puedes visitar en el Pirineo aragonés. Pero hay otros muchos. Por ejemplo, los parques naturales de los Valles Occidentales y de la Sierra y los Cañones de Guara o el valle de Gistaín, cuyo histórico aislamiento ha hecho que allí se conserven tradiciones olvidadas en otras zonas. Pero, si visitas esta parte del Pirineo, también te gustará disfrutar de su gastronomía.

La ciudadela de Jaca

Ciudadela de jaca

La gastronomía del Pirineo aragonés

La altitud de esta zona hace que los inviernos sean crudos y largos. Por ello, su gastronomía típica está conformada por platos contundentes y calóricos. Uno de sus productos más conocidos es el ternasco de Aragón, un cordero joven del cual se aprovecha todo. Por ejemplo, con sus tripas, corazón y pulmones se hacen las chiretas, una especie de embutido que también lleva arroz.

Igualmente, son productos populares los boliches de Embún, que se hacen con judías y oreja de cerdo; el arbiello, típico de la Jacetania y preparado con vísceras de oveja y la torta de Ribagorza, una especie de empanada.

Platos típicos de la zona son el filete de güey a l’Alforcha, el jabalí estofado; el bacalao al ajoarriero o las sopas royas y canas. Pero más curiosos te resultarán los espárragos montañeses, que nada tienen que ver con esta verdura, sino que se elabora con las colas de los corderos hembra denominados «rabonas» entre los pastores.

En conclusión, el Pirineo aragonés está lleno de maravillas naturales, historia, preciosos pueblos con numerosos monumentos y una contundente y exquisita gastronomía. Si lo visitas, no te arrepentirás.

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